Juan Martín Velasco

Tiene la bendita aureola de la vejez bien vivida, con un sentido profundo de la dimensión más mistérica del hombre.

De una humildad que apabulla, no sabe que todos lo consideran un sabio, y el bien que hace su vida vivida en pos del Misterio se derrama sencilla con su voz queda, flojita, por los devenires de 82 años enseñando el porqué de las religiones, en un diálogo no reductivo, que no simplifica a ninguna.

Es uno de los mayores expertos en misticismo de habla hispana y vive sencillo, mientras sus palabras intentan acercar el Tao que no se nombra, el Dios que es vocativo para llamar a la auténtica naturaleza de lo humano que despierte.

Nos invita en esta entrevista a cruzar la puerta abierta de la mística hacia la infinitud de ese Misterio en el que somos, nos movemos y existimos.

Le convoqué por este hermoso párrafo que resume su visión: “La relación teologal cristiana (o la confianza absoluta), la fidelidad a la alianza judía, la sumisión incondicional (Islam) musulmana, la “realización” de la identificación Atman-Brahman en el vedanta advaita, la bhakti de las corrientes hindúes más “personalistas”, el nirvana o extinción del sujeto en el budismo theravada y la sabiduría contenida en el taoísmo chino, es decir, las grandes formas de realización de la relación religiosa me parecen coincidir en un doble movimiento de transcendimiento de sí mismo, de descentramiento radical del sujeto, que le otorga el recentramiento (la salvación) en el más allá absoluto de sí mismo para el que el hombre está hecho, por el que siente una nostalgia y un anhelo irreprimible, pero con el que no puede coincidir por su propio esfuerzo y al que lo mejor de sí mismo le invita a consentir (El encuentro con Dios, pag 8).

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